Simulaciones de phishing: medir conducta, no avergonzar usuarios
Una simulación de phishing puede enseñar a toda la plantilla o sembrar desconfianza. Todo depende de qué mides, cómo lo cuentas y qué ocurre justo después del clic.
Un día llega un aviso: direcciones de correo de tu empresa aparecen en una base de datos filtrada. Lo más habitual es que no procedan de un ataque a tus sistemas, sino de otro servicio donde alguien usó su correo de trabajo para registrarse. El problema empieza si además reutilizó la misma contraseña.
La primera reacción ante un aviso así suele ser pensar que han atacado a la empresa. Casi nunca es el caso. Lo habitual es que una tienda en línea, un foro profesional o una plataforma de formación haya sufrido una brecha y que entre sus usuarios haya personas registradas con su correo de trabajo.
Imagina a alguien de tu equipo que se apuntó hace años a un curso en línea con su dirección de la empresa. Si eligió una contraseña distinta a la de Microsoft 365, el daño es limitado. Si usó la misma, cualquiera que tenga esa lista puede intentar entrar en su correo corporativo. Ahí está el riesgo real.
No todas las filtraciones son iguales, y conviene saber a qué te enfrentas antes de actuar:
También importa de qué servicio procede, de qué fecha es y qué cuentas concretas aparecen. Una filtración de hace muchos años con personas que ya no trabajan en la empresa no tiene la misma urgencia que una reciente con cuentas activas. Servicios públicos como Have I Been Pwned permiten consultar un dominio completo, previa verificación de que es tuyo.
Una contraseña filtrada solo es grave si todavía abre alguna puerta.
Con la lista de cuentas afectadas en la mano, el orden importa:
Revisa también las aplicaciones a las que esas cuentas han dado permiso para acceder a su correo o sus archivos. Un atacante puede conceder acceso a una aplicación propia que seguirá funcionando aunque cambies la contraseña. Retirar esos permisos forma parte de cerrar la puerta.
Si en los inicios de sesión o en el buzón aparecen señales de que alguien ha entrado, la situación cambia. Ya no es una filtración externa, sino un incidente de seguridad en tu empresa, y hay que tratarlo como tal:
También conviene guardar registro de lo que se ha encontrado y de lo que se ha hecho, con fechas. Si más adelante hay que explicar el incidente a un cliente, a una aseguradora o a la autoridad de protección de datos, esa cronología será imprescindible. Actuar rápido aquí marca la diferencia entre un susto y un problema con terceros.
Las filtraciones de servicios externos seguirán ocurriendo; no dependen de ti. Lo que sí depende de ti es cuánto daño pueden hacer. Unas pocas medidas reducen mucho su impacto:
En OLATIC podemos hacer esa revisión contigo el mismo día del aviso: cambio de contraseñas, cierre de sesiones, análisis de inicios de sesión y reglas de buzón. Después dejamos configurada la vigilancia del dominio y el doble factor para que, cuando llegue la siguiente filtración, sea solo una notificación más y no un incidente.
Una simulación de phishing puede enseñar a toda la plantilla o sembrar desconfianza. Todo depende de qué mides, cómo lo cuentas y qué ocurre justo después del clic.
Ninguna empresa puede parchear todo a la vez. El orden importa: primero lo que ya se está explotando y lo que da a internet, después el resto, con fechas y sin carreras.
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Detecta puntos débiles antes de que se conviertan en un incidente.
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