Plan de recuperación: el documento que hay que ensayar
Tener copias no es tener un plan. Un plan de recuperación dice qué se levanta primero, quién lo hace y en cuánto tiempo, y solo sirve de verdad si se ha ensayado antes del día malo.
La regla 3-2-1 lleva años siendo la referencia de las copias de seguridad. Luego llegó el ransomware, el tipo de ataque que cifra los datos y pide un rescate, y obligó a añadirle dos números. Hoy se habla de 3-2-1-1-0, y cada cifra responde a una forma concreta de perder la información de una empresa.
Muchas empresas tienen copias de seguridad. Lo que no siempre tienen es la certeza de que, el día malo, esas copias van a estar ahí y van a funcionar. Una única copia en un disco de la misma oficina protege contra un borrado accidental, pero no contra un incendio, un robo o un atacante que ha tenido semanas para estudiar la red.
La regla 3-2-1-1-0 es una forma sencilla de comprobar si tu estrategia aguanta los escenarios más habituales. No es una norma oficial, sino un criterio práctico que se ha convertido en referencia. Vamos número a número.
Los datos de trabajo más dos copias. La lógica es pura prudencia: si una copia falla justo el día que la necesitas (un disco que no arranca, un trabajo que llevaba días sin terminar bien), queda otra. Contar el original como una de las tres es importante: no se trata de tener tres copias además de los datos, sino tres versiones en total.
Por ejemplo, un repositorio en disco en la oficina y otro en la nube. Si las dos copias están en el mismo tipo de almacenamiento, o peor, en el mismo equipo, un mismo fallo puede llevarse ambas. Diversificar el soporte reduce la probabilidad de que un único problema técnico arrase con todo.
Un incendio, una inundación o un robo no deberían llevarse a la vez los servidores y sus copias. La copia externa puede estar en un centro de datos o en la nube. Lo importante es que esté físicamente lejos del original.
Durante años esto se resolvía con un disco que alguien se llevaba a casa los viernes. Funcionaba mientras esa persona se acordaba, no se iba de vacaciones y el disco no se quedaba en el coche. Hoy la réplica automática a la nube elimina ese factor humano.
Es la cifra que añadió el ransomware, y quizá la más importante hoy. Los atacantes buscan las copias antes de cifrar, porque saben que son tu salida. Si consiguen borrarlas o cifrarlas también, la empresa se queda sin alternativa.
La respuesta es tener al menos una copia inmutable, que nadie puede modificar ni borrar durante un tiempo fijado, ni siquiera un administrador con todos los permisos, o desconectada de la red, a la que un atacante simplemente no puede llegar. Así siempre queda algo intacto con lo que volver a empezar.
Las copias no se miden el día que se hacen, sino el día que se necesitan.
La cifra más olvidada. Una copia que nunca se ha probado es una suposición. Puede que falten carpetas, que la base de datos esté a medias o que nadie recuerde la contraseña del repositorio. Todo eso se descubre al restaurar, y es mucho mejor descubrirlo un martes tranquilo que en plena crisis.
Hay que restaurar de forma periódica, con distintos niveles de ambición:
Y en cada caso, comprobar que lo recuperado se abre y funciona. Que exista el archivo no basta.
Pide a cada responsable de área que elija un archivo que use a diario y comprueba que puedes recuperarlo tal como estaba la semana pasada. Es una prueba de diez minutos que dice mucho de tus copias, y además implica al negocio en algo que suele quedarse solo en manos de TI.
Imagina una empresa con un par de servidores y Microsoft 365. Una aplicación razonable de la regla sería:
Con eso están cubiertos los cinco números: tres versiones, dos soportes, una fuera, una intocable y la comprobación periódica. No hay nada exótico en la lista.
No hace falta una gran inversión para cumplir la regla; hace falta orden. Saber qué se copia, dónde, con qué frecuencia, quién revisa los avisos y cuándo se hizo la última prueba. La mayoría de los huecos que aparecen en una revisión no son de tecnología, sino de seguimiento.
En OLATIC repasamos tus copias actuales frente a estos cinco números, uno por uno, y te entregamos una lista de lo que falta ordenada por riesgo. Empezamos por lo que más expuesto deja a la empresa, normalmente la copia inmutable o la prueba de restauración, y dejamos el resto en un calendario realista.
Tener copias no es tener un plan. Un plan de recuperación dice qué se levanta primero, quién lo hace y en cuánto tiempo, y solo sirve de verdad si se ha ensayado antes del día malo.
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